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El mismo texto, cuatro niveles

El comienzo de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, traducido del inglés por nuestra cadena en cada uno de los cuatro niveles. A su lado, una traducción de referencia, hecha y revisada a mano.

Texto original

Alice was beginning to get very tired of sitting by her sister on the bank, and of having nothing to do: once or twice she had peeped into the book her sister was reading, but it had no pictures or conversations in it, “and what is the use of a book,” thought Alice “without pictures or conversations?”

So she was considering in her own mind (as well as she could, for the hot day made her feel very sleepy and stupid), whether the pleasure of making a daisy-chain would be worth the trouble of getting up and picking the daisies, when suddenly a White Rabbit with pink eyes ran close by her.

There was nothing so very remarkable in that; nor did Alice think it so very much out of the way to hear the Rabbit say to itself, “Oh dear! Oh dear! I shall be late!” (when she thought it over afterwards, it occurred to her that she ought to have wondered at this, but at the time it all seemed quite natural); but when the Rabbit actually took a watch out of its waistcoat-pocket, and looked at it, and then hurried on, Alice started to her feet, for it flashed across her mind that she had never before seen a rabbit with either a waistcoat-pocket, or a watch to take out of it, and burning with curiosity, she ran across the field after it, and fortunately was just in time to see it pop down a large rabbit-hole under the hedge.

Lewis Carroll, Alice's Adventures in Wonderland (1865), capítulo I. Dominio público.

Traducción de referencia

Hecha y revisada a mano, sin traducción automatizada.

Alicia empezaba a cansarse mucho de estar sentada junto a su hermana en la orilla y de no tener nada que hacer: una o dos veces había echado una ojeada al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos, «¿y de qué sirve un libro —pensó Alicia— sin dibujos ni diálogos?».

Así que sopesaba para sus adentros (lo mejor que podía, porque el calor del día la tenía muy adormilada y atontada) si el placer de hacer una guirnalda de margaritas compensaría la molestia de levantarse a coger las margaritas, cuando de repente un Conejo Blanco de ojos rosados pasó corriendo muy cerca de ella.

No había nada tan extraordinario en ello; y tampoco a Alicia le resultó tan insólito oír al Conejo decirse a sí mismo: «¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!» (cuando lo pensó después, se le ocurrió que aquello debería haberla asombrado, pero en aquel momento todo le pareció de lo más natural); pero cuando el Conejo sacó, ni más ni menos, un reloj del bolsillo del chaleco, lo miró y siguió corriendo a toda prisa, Alicia se levantó de un salto, porque cayó de pronto en la cuenta de que nunca había visto un conejo con bolsillo de chaleco, ni con un reloj que sacar de él, y, ardiendo de curiosidad, cruzó el campo corriendo tras él, y por suerte llegó justo a tiempo de verlo colarse en una gran madriguera, bajo el seto.

Esencial

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Las traducciones automatizadas de este fragmento están en preparación.

Calidad

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Premium

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Excelencia

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Ajustes utilizados: fidelidad « Fiel », nombres adaptados al idioma, tipografía de los diálogos del idioma de destino.